lunes, 12 de septiembre de 2011

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 13
LA ENCUESTA JUDICIAL


P
ocos días después se celebró la encuesta judicial. Se llevó a cabo en el salón de actos de Green Mills. Por lo general allí se celebraban reuniones locales, proyecciones de películas, e incluso representaciones teatrales de aficionados. Pero aquella mañana iba a acoger el evento más importante de los últimos años. El salón de actos estaba a reventar. Nadie en aquella tranquila población había querido perderse el evento, y para ello, las señoras de Green Mills se habían puesto sus mejores galas y mejores sombreros, para disgusto de los desafortunados que se sentaran detrás de una de ellas. Numerosos periodistas entusiastas se apiñaban a las puertas del salón de actos, ansiosos por arañar alguna historia que contar a sus lectores.

La señora McCarthy había conseguido un asiento en las primeras filas e inclinaba constantemente su sombrero de plumas azules sobre el de su vecina de asiento y de cotilleos, la señora Foster; hermana del vicario. Colin, que estaba junto a ellas, miraba a su alrededor aburrido. De repente vio que Cassandra entró acompañada de Cora y del mayor Kane. Se incorporó un poco y la saludó con la mano, pero la vacía mirada de la chica pasó sobre él sin percatarse de su presencia. Se sintió indignado, pero no porque Cassandra le hubiese ignorado, sino por el repentino silencio que se había formado con la entrada de las dos chicas, únicamente interrumpido por algún que otro murmullo o alguna tos.

O’Connor cogió sitio en una de las últimas filas, para pasar lo más desapercibido posible. No tardó mucho en dar comienzo la encuesta judicial. Como era previsible no iba ser de larga duración. En primer lugar fue Weston el que desde el estrado hizo un resumen lo más conciso posible acerca de los datos principales del caso y los hechos sucedidos durante la noche de crimen. Posteriormente fue el forense el que estableció la hora del crimen entre poco después de las doce y entre las doce y media de la noche. Relató con términos técnicos que la causa de la muerte fue debido a numerosos traumatismos craneoencefálicos, algunos de los cuales había llegado partir el hueso. Describió la naturaleza de los golpes, y comentó de pasada que el arma del crimen fue un atizador, y que probablemente el asesino era una persona zurda.

El siguiente en pasar el estrado fue el doctor Levine. A pesar de estar visiblemente incómodo y que el cuello de la camisa le apretaba demasiado, el médico relató concisamente cómo le dieron aviso de la tragedia y el reconocimiento que llevó a cabo del cadáver antes de que acudiese la policía. Verificó los datos dados por el forense.

Una joven vestida de forma sencilla y convertida en un manojo de nervios ocupó el asiento que acababa de abandonar  el doctor Levine. Llevaba su pelo pajizo y color castaño recogido en un sencillo moño sobre la nuca. Tenía el pelo tan fino que algunos mechones comenzaban a escapárseles, dándole de este modo un aspecto más patético. O’Connor reconoció a la chica. Se trataba de Alice, la doncella de Blackwell Manor que había encontrado el cadáver. El detective se compadeció de ella: había sufrido una experiencia terrible y ahora se veía obligada a repetirlo todo delante de toda aquella gente. A pesar que el coroner[4] se comportó con ella de la forma más amable posible y que trató de tranquilizarla; la joven no pudo evitar echarse a llorar cuando recordó cómo encontró a lord Blackwell. Se estremeció ante tal recuerdo y se enjugó las lágrimas con un pañuelo que estrujaba con su mano.

-           He oído que la pobre sufrió un fuerte shock- susurró la señorita Foster al oído de la señora McCarthy.
-           Sí, la pobre ha pasado varios días postrada y sedada- afirmó la anciana-. Cuando se recuperó, presentó su dimisión. Está ahora en casa de una tía suya mientras encuentra una nueva colocación.
-           ¿En serio? ¡Menuda desfachatez! ¡Qué chica más egoísta! Ahora le costará mucho a la señorita Lemarchand encontrar alguien que supla ese hueco- siseó la hermana del vicario.
-           Querida, no le culpo. Yo haría lo mismo- contestó la señora McCarthy-. ¿Quedarme en una casa rodeada de sospechosos de asesinato? ¡Ni loca!

La señorita Foster no contestó porque en ese momento subió al estrado la señorita Drake. Relató cómo fue despertada por Alice con sus gritos, como halló el cadáver y cómo procedió a informar al doctor Levine. Lo hizo con voz monótona y de forma cortante. Su mirada estaba fija en algún punto indeterminado del fondo del salón de actos. Actuaba ignorando completamente a todas las miradas que se clavaban en su persona.

Para desgracia de todos los asistentes, ninguno de los demás sospechosos subió al estrado. Se aplazó la siguiente encuesta judicial para los quince días siguientes y el veredicto provisional fue el previsible de: “Asesinato cometido por persona o personas desconocidas”.

La muchedumbre salió del salón de acto y  permanecieron alrededor del mismo formando diferentes corrillos comentando los cotilleos más sugerentes. Los periodistas se abalanzaron sobres los personajes principales de la trama tratando de cazar cualquier tipo de comentario. Pero todo fue en vano.

O’Connor vio desde la lejanía como un grupo de periodistas avasallaba a Weston, pero este a duras penas consiguió deshacerse de ellos y se dirigió hacia donde él estaba. El sargento se enjugó el sudor con un pañuelo.
-          ¡Panda de buitres!-exclamó irritado.
-          Weston, están haciendo su trabajo, igual que usted- dijo O’Connor sonriendo.
-          No compare, O’Connor, no compare- dijo Weston dirigiéndole una mirada asesina.

Se dirigieron hacia el “Caballo Azul” para almorzar tal y como habían acordado. Allí degustaron un jugoso lechón asado con puré de patatas como guarnición; Weston lo regó con un vino tinto francés de aspecto sospechoso. O’Connor optó por una pinta de Guinness.

-          Parece que la encuesta judicial ha ido tal y como estaba previsto.
-           Sí, me temo que sí. Tenía la esperanza que en estos días hubiésemos avanzado algo más en nuestras pesquisas- se lamentó Weston-. Lo de la caja fuerte fue un auténtico fiasco. Si hubiésemos encontrado allí el dossier, hubiésemos podido detener inmediatamente a ese tal Samuelson.

O´Connor revivió el momento en que sus expectativas de encontrar algo interesante en la caja fuerte de lord Blackwell se esfumó. Allí sólo se encontraban las escrituras de las propiedades, una colección de monedas de plata, algo de dinero en efectivo y algunos papeles sin interés para el caso.

-           Lo hubiese podido detener por fraude, pero no por asesinato.
-           ¿No habíamos quedado en que esa era la razón para asesinar del señor Samuelson?- inquirió Weston-. ¡No trate de confundirme, O’Connor!
-           ¡Dios me libre, Weston!-contestó O´Connor sonriendo antes de darle un trago a su cerveza.
-           Todo parece ir realmente mal en la investigación. No avanzamos nada, y por eso los chicos de Scotland Yard han decidido intervenir en el caso.
-           ¿En serio?
-           De hecho, el inspector al que han asignado el caso ha quedado en pasarse por aquí sobre esta hora- comentó Weston consultando su reloj-. Por otro lado está el asunto de Argeneau…
-           ¿Qué pasa con Argeneau?
-           Ha desaparecido sin dejar rastro- dijo Weston. O’Connor arqueó las cejas de forma interrogativa-. Localizamos el sitio donde vivía, que era también el mismo edificio donde tenía su despacho. Lo tenía instalado en un bloque de pisos de mala muerte, cerca de la zona del Soho. La dueña del edificio le tenía alquilado el piso bajo y el segundo piso, que era donde tenía su despacho. Afirma que hará poco más de un mes Argeneau le pagó lo que le debía, recogió sus cosas y dijo que se marchaba. Ella se quedó algo extrañada porque por lo general él andaba siempre justo de dinero y le debía una cantidad considerable en concepto de alquiler y gastos. La señora le preguntó que adónde se iba, pero él se limitó a contestarle que le había salido un buen trabajo lejos.
-           Tal vez el dinero que utilizó para pagar sus deudas fuese el que le dio lord Blackwell-sugirió O’Connor-. Y tal vez el trabajo del que hablaba fue un encargo del difunto.
-           O tal vez chantajeó a lord Blackwell y algo salió mal, y decidió desaparecer antes de meterse en problemas.
-           También es una posibilidad, teniendo en cuenta sus antecedentes-comentó O´Connor pensativo-. Weston, ¿podría hacerme un favor?
-           Si está en mi mano…
-           ¿Podría omitir el asunto de Argeneau a los chicos de Scotland Yard? Al menos, durante el tiempo que le sea posible.

Weston frunció el ceño con poco convencimiento.

-           Podría meterme en problemas si finalmente resultase relevante para la investigación. ¿Para qué quiere que haga eso?
-           Para investigar por mí cuenta. Tengo mis propios métodos.

En ese momento un hombre bajito pero de anchas espaldas irrumpió en la posada. Tenía el pelo castaño claro cortado como un cepillo. Llevaba un bigote grueso que cubría casi en su totalidad su boca. Sus ojos eran pequeños y escrutadores, de color azul metálico. Emanaba un aire de superioridad en sus andares y sus gestos. Miró a su alrededor y les identificó.

-           ¿Ese es el inspector de Scotland Yard?- preguntó O´Connor en voz baja. Weston asintió-. Por favor, dígame que ocultará el tema de Argeneau durante el máximo tiempo posible.
-           De acuerdo- susurró Weston temeroso de que el inspector les oyese conspirar.

En pocas zancadas el recién llegado estaba junto a su mesa.

-           Buenas tardes, Weston. Siento haberme retrasado. Los chicos de la prensa me han dado mucho trabajo- su voz era tosca y ronca.
-           Inspector Randall, le presento al señor O’Connor.

El inspector Randall posó su fría mirada un instante y realizó un examen fugaz y visual. Lo que vio no le agradó.

-          Encantado, señor O’Connor. He escuchado que ha estado ayudando en el caso.
-          Mero asesoramiento-contestó el detective sonriendo amablemente.
-           Me temo que dicho asesoramiento no ha servido de mucho. El caso está más que estancado- comentó Randall con voz acerada y mirando a Weston. Éste enrojeció por la rabia, pero no dijo nada-. Si nos hubiésemos hecho nosotros cargo del caso desde el principio ya habríamos detenido a alguien.
-           ¿Y dónde han estado hasta ahora?- preguntó O´Connor con su sonrisa que se había tornado más cínica. Randall abrió la boca para contestar, pero O’Connor se incorporó-. Bueno señores, me temo que me tengo que marchar. Me están esperando en casa de mi tía. Además ustedes tendrán que hablar de sus asuntos. Inspector Randall… Weston…

El detective salió de la posada sintiendo que un gran enfado emanaba por su cuerpo. Weston no merecía que un pretencioso como Randall le tratase de esa forma. Se dirigió hasta casa de su tía. Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero de la entrada. En la salita se escuchaban voces femeninas. Encontró allí a su tía y a la señora Hudson en animada conversación. Colin se hallaba sentado junto al fuego y ojeando un catálogo de jardinería de su madre. Miró con gran alivio reflejado en su rostro a su primo que acababa de llegar. Se aburría soberanamente escuchando hablar a las dos mujeres.

-           Stephen, querido. Llegas a tiempo. Íbamos a tomar el té- comentó su tía-. La señora Hudson nos estaba contando algunos cotilleos de alta sociedad americana. Conoce a mucha gente realmente interesante.
-           Buenas tardes señora Hudson.
-           Buenas tardes, señor O’Connor. Su tía ha sido muy amable al invitarme a tomar el té en un día tan duro como hoy. Esto me servirá de mucha distracción.
-           Sí querida, me figuro que el ambiente en Blackwell Manor debe ser asfixiante en este momento. Será bienvenida a nuestra casa siempre que lo deseé- dijo la anciana con la más encantadora de sus sonrisas.

Tomaron el té en animada conversación. La señora McCarthy intentó desviar la conversación al tema del asesinato o a su breve noviazgo con el difunto lord Blackwell, pero la señora Hudson fue lo suficientemente hábil para reconducir la conversación hacia otros temas más superficiales. Finalmente decidió marcharse de regreso a Blackwell Manor. Había venido dando un paseo y Colin se ofreció para acompañarle, pero O´Connor fue más rápido y se ofreció él mismo para tal fin.

Intercambiaron una serie de frases acerca de asuntos triviales mientras recorrían la calle principal de Green Mills. Una vez que comenzaron a bajar el camino en pendiente que discurría hasta llegar a Blackwell Manor, la actitud de la señora Hudson cambió. Miró a O’Connor a los ojos y éste leyó en su mirada determinación.

-           Señor O´Connor, la razón por la que quería hablar con usted es porque quiero contratar sus servicios- era una mujer de negocios, acostumbrada a ir directa al grano.
-           ¿Mis servicios?
-           Conoce bien el caso y sé que está colaborando con la policía. Pero quiero que investigue por su cuenta. Que averigüe quién mató a Rufus y que el criminal pague por lo que ha hecho- los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas cargadas de odio.

O´Connor le puso una mano en el hombro con firmeza para que se tranquilizase.

-           Señora Hudson su petición llega tarde. Una vez que me pongo a investigar un caso, no paro hasta llegar a su solución. Independientemente de que me hubiese hecho esa propuesta o no, yo ya tenía decidió desentrañar este misterio. Tenemos un objetivo común.
-           Pero yo le contrato a título personal. Le pagaré sus honorarios. Pagaré lo que haga falta. Cualquier gasto que se le presente, no dude en decírmelo.
-           Señora Hudson, no necesito que me pague nada. Pero no dudaré en solicitarle ayuda si veo que es preciso.

La señora Hudson abrió la boca para protestar:

-           Encontraremos al asesino. Eso se lo aseguro- afirmó el detective convincentemente.


[4] Coroner: oficial responsable de llevar a cabo la investigación de una muerte violenta o repentina.


¡¿QUIÉN CREÉS QUE ES EL ASESINO?! ¿¿¿ESTARÁS EN LO CIERTO??? ¡¡¡VOTA EN LA ENCUESTA!!!