sábado, 12 de noviembre de 2011

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 16
ATAQUE NOCTURNO


E
ran las dos y media de la madrugada cuando el estridente timbre del teléfono rompió el plácido silencio en casa de los McCarthy. Stephen O’Connor encendió la lamparita de su mesilla, consultó el reloj. Saltó de la cama sospechando, que quienquiera que llamase a esas horas, probablemente lo haría por algo urgente. Mientras salía a toda prisa del cuarto se fue poniendo la bata. Bajó las escaleras y cogió el teléfono antes de que despertase a toda la casa.

-          Residencia de los McCarthy, ¿dígame?
-           Buenas noches, necesito hablar con el señor O’Connor. Es urgente- la voz al otro lado de la línea era femenina, pero muy grave.
-           Stephen O’Connor al habla.
-           Señor O’Connor… soy la señorita Drake. Tiene que acudir a Blackwell Manor. Alguien ha entrado aquí esta noche y ha atacado al mayor Kane- la voz de la secretaria, por lo general serena, denotaba un leve deje de nerviosismo.
-           Enseguida voy- contestó antes de colgar.

Raudo y veloz procedió a subir a su cuarto y ponerse ropa de calle. Cogió las llaves de su “dos plazas” y salió sin hacer ruido. Afortunadamente en la casa, nadie parecía haberse dado cuenta de la llamada. “Mejor así”, pensó. Si su tía se hubiese despertado le habría acribillado a preguntas y no se habría ido de vuelta a la cama hasta que él hubiese regresado de Blackwell Manor. Salió del camino de grava marcha atrás y se bajó del coche para abrir la verja. Fue entonces cuando distinguió una sombra que andaba a hurtadillas por un lateral de la casa. La noche era fresca y estaba casi libre de nubes, de modo que la luna iluminaba el jardín. A pesar de ocultarse entre las sombras, los faros del coche delataron una figura que trataba de no ser visto por todos los medios. O’Connor entrecerró los ojos para tener una mejor visión y comprobó que dicha persona era su primo Colin. “¿Qué diablos hacía fuera a estas horas?”, se preguntó bajándose del coche. Se disponía a llamarle cuando vio que su primo se escabullía hacía la parte trasera de la casa. Dudó entre perseguirle y averiguar qué hacia fuera como un vulgar ladrón o volver a montarse en el coche. Ante la urgencia de la llamada, O’Connor se volvió a montar en el "dos plazas" y se marchó sin ni siquiera volver a cerrar la verja.

Circulaba a la altura de la casa del doctor Levine, cuando vio que éste salía por el camino de la entrada de su casa, dispuesto a montarse en su propio vehículo.

-          Doctor Levine, suba. Vamos en la misma dirección.

El doctor se quedó unos segundos sorprendido, pero una vez que reconoció al detective se apresuró a montase en el “dos plazas”.

-           ¿A usted también le han llamado de Blackwell Manor?- preguntó el doctor nada más montarse en el coche.
-           Sí, ¿qué ha pasado?
-           La señorita Drake me ha pedido que acuda a la mansión. Al parecer un intruso ha entrado en plena noche. El mayor Kane ha sido atacado. Poco más sé.

El doctor Levine se enjugó el sudor con un pañuelo. Respiraba trabajosamente. Sería debido a las prisas.

-           ¡Dios mío, ojala acabe ya esta locura y atrapen al asesino!- murmuró el doctor mirando de reojo al detective.
-          ¿Cree que el intruso es el mismo que mató a lord Blackwell?
-           Por supuesto. Sigo pensando que el asesino fue alguien de fuera. Son ustedes los que se han empeñado en la absurda idea de que uno de nosotros lo asesinó- el tono del doctor era cáustico.

No intercambiaron ninguna palabra más mientras bajaban la carretera empinada que bajaba hasta Blackwell Manor. Cruzaron el camino de gravilla que ascendía hasta la mansión. Alguien del servicio había tenido a bien de dejar la verja abierta. O’Connor aparcó cerca de la entrada. Se bajó del coche y se dirigió hacia la puerta seguido del doctor Levine que cargaba con su maletín. Llamaron a la puerta con contundencia y casi al instante les abrió la puerta la señorita Drake. El doctor Levine no pudo evitar una sensación de déjà vú comparando la situación que estaba viviendo con la de la noche del asesinato: la secretaria abriendo la puerta, vistiendo la misma horrible bata, con el pelo recogido de la misma forma e idéntica palidez fantasmal en el rostro.

-          Pasen por aquí, por favor.
-          ¿Ha llegado ya el sargento Weston?- preguntó O’Connor.
-          No, aún no. No tardará en llegar-contestó la secretaria-. Síganme a la sala.

Una vez que entraron en la estancia encontraron al mayor Kane sentado en un sillón. Le acompañaban Cora y el señor Samuelson. El mayor Kane presentaba un aspecto lamentable. Estaba pálido como un muerto  y cubierto de sudor frio. Tenía una pequeña herida en la sien que Cora se esmeraba en limpiar de sangre con un trocito de algodón. Vestía los pantalones de un pijama oscuro, y estaba desnudo de cintura para arriba. Su brazo derecho presentaba una extraña malformación que indicaba la rotura de un hueso.

Cora se levantó cuando vio entrar a los dos recién llegados. Se dirigió al doctor Levine con paso decidido.

-           Barry, hemos llamado a tu casa en tres ocasiones. ¿Por qué has tardado tanto en contestar al teléfono?
-           No sé porqué Florence no lo ha oído. Ya sabes que suelo tener el sueño muy profundo y he tardado en despertarme con el timbre del teléfono- contestó el doctor acercándose al mayor Kane-. Vaya, ¿qué tenemos aquí? Tiene mala pinta…

El mayor Kane soltó un quejido cuando el médico le tocó suavemente el brazo para examinarlo.

-           Se trata de una fractura, vamos a tener que escayolarle- murmuró pensativo.
-           ¿Cómo se ha hecho eso?- preguntó O’Connor hablando por primera vez.
-           Se cayó por las escaleras- respondió Cora.
-           Me empujaron- corrigió el mayor Kane.
-           Bueno, ya tendrá tiempo de preguntarle, O’Connor. Ahora procederemos a escayolar el hueso- el tono del doctor Levine era solemnemente profesional-. Cora, necesitaré tu ayuda. Señorita Drake, necesitaré que me traiga unas cosas. El resto, por favor, que salgan del salón y dejen de estorbar.

El médico lanzó una mirada de reproche al señor Samuelson que tenía el rostro verdoso y parecía a punto de vomitar. Este salió del salón encantado de la vida. Una vez fuera en el recibidor, Cassandra apareció por la biblioteca. Abrió los ojos con sorpresa al verles.

-          O’Connor, ¿qué hace aquí? ¿Ha pasado algo?
-           ¿Dónde se había metido, señorita Jones? La señorita Drake fue a ver si estaba en su cuarto y no la encontró allí- comentó el señor Samuelson.
-           No conseguía dormirme y estuve en el invernadero pintando un rato. A veces lo hago cuando no consigo conciliar el sueño.

O’Connor le explicó lo poco que sabía. Cassandra se mostró sorprendida y asustada.

-           Alguien merodeando por aquí y yo despierta. ¡Dios mío!, ¿Qué habría pasado si me hubiese topado con él?- dijo la chica estremeciéndose.
-           Entonces, ¿no vio a nadie ni escuchó nada?- preguntó el detective.
-           Nada de nada.


*                 *                 *                 *

Una vez que le habían escayolado el brazo y se lo habían inmovilizado, subieron al mayor Kane a su habitación. La herida de la cabeza no había necesitado puntos de sutura. El accidentado miró a Weston y a O’Connor que se hallaban a los pies de la cama. El doctor Levine se acababa de marchar del cuarto, no sin antes advertirles que no atosigaran al paciente con sus preguntas.

-           Bien, mayor Kane, cuéntenos todo lo ocurrido desde el principio, por favor- pidió el sargento Weston todavía malhumorado por haber sido despertado a esas horas.
-           Esta noche no conseguía conciliar el sueño debido a un dolor de muelas que tenía (con el brazo roto ya no me acordaba del dolor de muelas), de modo que me hallaba leyendo una novela que había cogido de la biblioteca. De pronto la luz se fue. Pensé que se trataba de algún fallo en el tendido eléctrico, de modo que opté por volver a intentar dormirme. No pasó más de un par de minutos cuando escuché un ruido en el pasillo. Como si hubiesen tirado un objeto al suelo. Me incorporé inmediatamente pensando que podría tratarse de un ladrón. Abrí la puerta lentamente y asomé la cabeza. A través de la luz que se filtraba por una ventana del pasillo distinguí una figura que andaba de forma sigilosa. Volvía de los cuartos que se encuentran a la derecha según se sube la escalera, justo al otro lado de donde ahora nos encontramos. Salí de puntillas de mi cuarto dispuesto a abordar al intruso. Debió escucharme por que cuando me disponía a saltar sobre él, esquivó mi ataque con agilidad. Perdí el equilibrio, cosa que el intruso aprovechó para empujarme por las escaleras. Después no recuerdo nada. Perdí el conocimiento. Cuando desperté estaba en el salón con el brazo roto.
-           ¿Distinguió al atacante? ¿Vio si era hombre o mujer?
-           Juraría que se trataba de un hombre.
-           Las habitaciones que se encuentran al otro lado del pasillo son las pertenecientes a las señoras, podría haber sido alguna de ellas que saliese de su cuarto en ese momento.
-           No, esa persona se movía con muchísimo sigilo. No quería que le descubrieran. Si hubiese sido una de las señoras, ¿por qué me habría atacado entonces?

O’Connor pudo darle una respuesta, pero prefirió omitir su opinión.

-           Encontramos en el suelo una figura de bronce que hay sobre una mesita en el pasillo. Ese debió ser el ruido que escuchó.

En ese instante alguien llamó a la puerta, y sin esperar respuesta apareció Cora. Un estado de nerviosismo imperaba en ella.

-           ¡Por favor, vengan conmigo! ¡Es la señora Hudson! Nos hemos extrañado de no verla despierta con el jaleo que se ha montado. Hemos ido a su cuarto y está tendida en su cama. ¡Pero no conseguimos despertarla!

Weston y O’Connor se apresuraron a salir del cuarto del mayor Kane. Junto a la puerta de la señora Hudson se encontraba Casandra, la señorita Drake y el señor Samuelson. Apartaron a estos de la misma y entraron precedidos de Cora. El doctor Levine estaba inclinado sobre la mujer que parecía dormir plácidamente. Sus movimientos eran rápidos y precisos.

-           Su pulso es flojo- repuso con seriedad-. Parece que ha tomado una dosis excesiva de algún somnífero.


*                 *                 *                 *


El doctor salió del cuarto de la señora Hudson con rostro fatigado.

-           Parece que está fuera de peligro- repuso sencillamente-. La dosis que tomó ha sido excesiva, pero no mortal.
-           ¡Menos mal!- exclamó Cora entrelazando sus manos con nerviosismo.
-           He mandado llamar a una enfermera de guardia. Permanecerá con ella esta noche. La doncella de la señora Hudson también se encargará de cuidarla. A primera hora regresaré para ver como se encuentra.

El doctor Levine cogió su maletín y se marchó con andar cansado. O’Connor llevó aparte a Weston.

-           La doncella de la señora Hudson jura que su señora nunca ha tomado ningún tipo de sedante para dormir- comentó O’Connor bajando la voz.
-           ¿Cree que quienquiera que rondase por la casa se coló en el cuarto de la señora Hudson para sedarla?- preguntó Weston. O’Connor se encogió de hombros-. Pero entonces, ¿por qué la señora Hudson no se despertó ni dio la voz de alarma?
-           Tal vez ya estuviese sedada y el intruso entró en el cuarto para dios sabe qué razones.
-           ¿Por qué querría nadie hacer eso?
-           No lo sé. Tal vez la señora Hudson sabe algo que alguien no quiera que salga a la luz.
-           Y si tan interesada está en que resolvamos este caso, ¿por qué no nos lo ha dicho?- inquirió Weston.
-           Porque tal vez ella desconozca la importancia de lo que sabe.

O’Connor permaneció pensativo unos instantes. Un oscuro pensamiento nubló su semblante. ¿Qué hacía Colin accediendo a su casa como un vulgar ladrón? ¿Vendría de Blackwell Manor? Si era así, ¿a que había venido? Se lo preguntaría por la mañana.


YA QUEDAN POCO CAPÍTULOS PARA DESCUBRIR LA TRAMA DE ESTE RELATO, POR LO QUE DEBEIS TENER UNA IDEA APROXIMADA DE QUIÉN ES EL CULPABLE. VOTAD EN LA ENCUESTA Y COMPROBAD SI ESTAIS EN LO CIERTO!!!!