CAPÍTULO 6
CORA Y EL DOCTOR LEVINE
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’Connor y Weston entraron en el comedor principal donde se había servido el desayuno. Allí encontraron a Cora Lemarchand, al mayor Kane, a Richard Samuelson y al doctor Levine. Todos permanecían en un trémulo silencio y sentados a la mesa, a excepción del doctor Levine que se disponía a marcharse tras tomar un desayuno frugal.
- Buenos días- dijo Weston-. Soy el sargento Weston, encargado de investigar el terrible suceso acontecido. Siento interrumpirles, pero me gustaría hacerles unas preguntas a todos ustedes por turnos.
- Sin ninguna duda, todos colaboraremos con usted- se apresuró a decir Cora mirando a los demás en busca de apoyo.
- Muchas gracias señorita Lemarchand.
- O’Connor, ¿qué hace usted aquí?- Samuelson fue el único que se atrevió a preguntar lo que todos tenían en mente.
Todos los ojos estaban fijos en él con gran curiosidad. El detective carraspeó antes de hablar:
- Me temo, señores, que no fui sincero del todo con ustedes anoche en cuanto a mi profesión. No sólo me dedico a escribir, sino que también trabajo como detective privado. El sargento Weston me ha pedido que colabore con él.
Los presentes le miraron fijamente, algunos con el ceño fruncido, pero nadie dijo nada.
- Veo, doctor Levine, que se disponía a marcharse. Si no le importa, le haremos algunas preguntas- dijo Weston rompiendo el clímax con su voz grave.
- Le advierto, sargento Weston, que deberá ser breve. Ya que debo ocuparme de mi consultorio- comentó el doctor visiblemente contrariado, al tiempo que consultaba su reloj de bolsillo.
- No se preocupe, doctor Levine. Sólo nos llevará unos minutos- comentó el sargento Weston siguiendo al médico y a O’Connor fuera del comedor. Antes de salir añadió a los demás-: También les pediría que más tarde nos facilitaran sus huellas dactilares. Más que nada es para descartar las huellas de ustedes que pudiéramos encontrar. También me gustaría hablar con la señorita Jones y la señorita Drake.
- Me temo que de momento la señorita Jones no podrá hablar con ustedes. Le he administrado un leve sedante, ya que estaba algo alterada. Más tarde podrán entrevistarla, pero les pido que lo hagan con mucho tacto.
- No se preocupe, doctor.
Y dicho esto salió del comedor, dejando a los comensales mirándose unos a otros. Se dirigieron hacia el salón. El doctor Levine se sentó en un sillón mientras que el sargento Weston se sentaba frente a él. O’Connor prefirió permanecer de pie.
- Muy bien, doctor Levine. ¿Tiene algo más que añadir al examen que ha realizado al cadáver de lord Blackwell?
- Bueno, pues poco más de lo que le he dicho: lord Blackwell debió morir entre poco después de medianoche y las dos de la madrugada.
- ¿No puede precisar más la hora, doctor?
- Me temo que no- dijo el doctor Levine meneando la cabeza-. El examen que he hecho ha sido bastante superficial y no me arriesgo a decir una hora definitiva. Aunque, extraoficialmente, arriesgaría a decir que la muerte se produjo entre las doce y media y la una.
- Gracias, doctor Levine- dijo Weston anotando la información en una pequeña libreta-. ¿A qué hora abandonó anoche la casa?
- Pues a la misma que el señor O’Connor. Sus parientes y él me acercaron a casa, y creo recordar que fue en torno a las once de la noche- dijo el doctor mirando a O’Connor. Este asintió con la cabeza.
- ¿Qué hizo una vez que llegó a su casa?
- Acaso está usted insinuando que yo…- exclamó el doctor Levine enrojeciendo por la indignación.
- Doctor Levine, por favor, cálmese. No estoy insinuando nada, simplemente le estoy haciendo preguntas rutinarias, al igual que se las haremos a los demás.
- ¿Sospecha de alguno de nosotros? ¡Es absurdo! El caso está claro: un intruso entró a robar, se encontró a lord Blackwell y lo asesinó.
- Según parece no se han llevado de valor, doctor Levine- repuso Weston-. Por favor, limítese a contestar, son preguntas que debo hacer para así descartarles como sospechosos completamente. Es parte de mi trabajo- el tono del sargento se volvió cansado-. ¿Qué hizo cuando llegó a casa?
- Es sencillo. Me fui directo a la cama. No acostumbro a dormir tan tarde.
- ¿Alguien puede corroborarlo? ¿Algún criado?
- En mi casa sólo trabaja Florence, la criada. Cuando llegué ya estaba acostada. Yo abrí con mi llavín. Probablemente me escuchó llegar, tiene el sueño ligero. Y desde que llegué a casa estuve durmiendo, hasta que esta mañana me llamó la señorita Drake para que acudiese aquí con urgencia.
- Usted está prometido con la señorita Lemarchand, ¿verdad?- el doctor Levine asintió-. ¿Cuándo tienen pensado casarse?
- En principio a primeros de año, pero con lo que ha sucedido no sé si vamos a aplazar la boda. Como comprenderá, la señorita Lemarchand y yo no hemos hablado aún del asunto.
- ¿Apreciaba a lord Blackwell?
- La verdad es que lo consideraba un buen amigo. Era un hombre un tanto especial en cuanto a asuntos de negocios, un verdadero tiburón, pero no era mal hombre.
- ¿Se alegró él cuando anunciaron su compromiso?
El doctor Levine sonrió levemente.
- Al principio se mostró algo reticente. Consideraba a Cora como a una hija y siempre trató de protegerla, quizás en exceso. Pero al poco tiempo se mostró conforme con el compromiso, e incluso aportó ideas para el enlace.
- Ya veo. ¿Tiene alguna idea, descartando la opción de un intruso, de quién podría tener motivos para asesinarlo?
El médico parecía escandalizado con la pregunta. Parecía a punto de explotar, pero finalmente se lo pensó mejor. Meneó la cabeza dando un suspiro.
- No, no tengo ni idea de quién pudo hacerlo.
- ¿Creé que pudo ser una mujer la que realizó esos golpes?
El doctor Levine lo meditó unos segundos antes de contestar:
- Una mujer podría dar ese tipo de golpes con esa fuerza. El atizador puede ser pesado, pero por su propio peso puede dar golpes muy contundentes- una idea pareció cruzar por su cabeza-. Además en un estado de locura una persona aparentemente débil puede sacar fuerzas suficientes para agredir de esa manera- el doctor lanzó un suspiro-. Caballeros si no tienen ninguna pregunta más…
- Sólo una más, doctor Levine- interrumpió O’Connor con su voz suave. El médico pareció contrariado. No parecía contento con el detective tras saber que les había mentido con respecto a su profesión. O’Connor hizo caso omiso de su mal humor-. ¿Movió alguno de los sillones que están junto a los ventanales?
- ¿Los sillones? No, que va. No toqué nada. Me limité a examinar el cadáver.
- ¿Se fijó en si algún ventanal estaba abierto?
- Estaban cerrados. Me fijé al pensar que un intruso había entrado por allí. Pero estaban completamente cerrados- se lamentó el doctor. Al parecer la idea de que alguien de fuera fuese el asesino, era la que más le convencía.
Finalmente se despidieron del médico, no sin antes tomarle las huellas dactilares, ante el disgusto del mismo. Hicieron llamar a Cora Lemarchand a través de Edna. La joven llegó con tensión en el semblante pero aparentemente serena. Vestía colores oscuros, lo cual le daba más palidez. A una señal de Weston se sentó en el mismo sillón que anteriormente había ocupado su prometido. Mantuvo las manos apoyadas sobre su regazo estrujando un pañuelo de lino.
- Señorita Lemarchand, sabemos que es un momento duro, pero estamos obligados a hacerle algunas preguntas- comenzó el sargento con tono de disculpa.
- Descuide, sargento. No me voy a desmayar ni a impresionarme, si es eso lo que piensa. Cuanto antes pasemos este mal trago, mejor-comentó Cora con voz serena.
- Bien, comencemos. Parece ser que después de la cena la señorita Jones y usted se reunieron en el despacho de su tío, ¿me puede contar sobre qué hablaron?
- Supongo que el señor O’Connor ya le habrá hablado acerca de lo que anunció mi tío durante la cena- la joven dirigió una fría mirada de reproche al detective. Este se limitó a sonreír levemente-. Nos estuvo explicando con más detalles cómo conoció a su prometida y los planes que tenían de futuro.
- ¿Esos planes les incluían a ustedes dos?
- Nos dijo que no teníamos que preocuparnos en absoluto. Que eso no iba a cambiar nuestra situación.
- ¿Sabe cuál era la disposición testamentaria de su tío?- interrumpió O’Connor.
- Bueno… según tenía entendido, a excepción de algunos legados, la herencia se repartiría entre Cassandra y yo…-comentó la joven visiblemente incómoda-. Pero si acaso insinúa que una de las dos le mató por miedo a perder la herencia, le digo que va por mal camino. Cassandra es una cría y no le importa en absoluto el dinero, y yo no soy tan ambiciosa como para recurrir a un asesinato. ¡Me parece increíble que piensen que fue uno de nosotros!
O’Connor no se molestó en contestar. Pero por su mente rondaban recuerdos de casos de asesinatos cometidos por cantidades de dinero insignificantes o por razones aparentemente absurdas. Pero tanto unas como otras tenían la suficiente importancia para las personas que habían cometido dichos crímenes.
- ¿Le pareció bien que su tío se casara de nuevo?- prosiguió Weston con sus preguntas. Cora pareció meditar unos segundos su respuesta.
- Bueno, él era un hombre adulto. Podía casarse perfectamente sin tener en cuenta si a mí me importaba o no. Lo único que le reprochamos fue que nos diese la noticia de esa manera, delante de invitados y sin que nos hubiese preparado previamente para ello. Nos cogió por sorpresa la noticia.
- ¿Les habló de su prometida?
- No nos comentó gran cosa: Nos dijo que se llama Marlene Hudson, que es americana y una viuda de familia acomodada. Nos explicó brevemente cómo se conocieron y algunos planes de futuro. No nos dijo mucho más. Comentó que por la mañana tendríamos tiempo de hablar.
- ¿Cuáles fueron sus movimientos tras la cena?
Cora meditó unos segundos, pero no puso objeción en contestar.
- Pasamos todos a la biblioteca. Estuvimos tomando café y escuchando algo de música en el gramófono. Después mi tío se retiró y nos pidió que nos reuniésemos con él en su despacho. Estuvimos hablando con él unos quince o veinte minutos. Después me dirigí con Cassandra a su cuarto. Hablamos unos minutos, quería asegurarme de que estaba tranquila por la noticia. Después volví a bajar. Encontré al mayor Kane aquí, en el salón, hojeando un periódico y fumando. Intercambiamos unas palabras y me fui a dormir.
- ¿No escuchó nada en toda la noche?
Cora negó con la cabeza.
- ¿Tiene idea de quién quería matar a su tío? ¿Tenía enemigos?
- Bueno, teniendo en cuenta que era un hombre de negocios implacable, es normal que se ganara algún que otro enemigo. Pero dudo que ninguno de ellos se molestara en venir a aquí o mandar a alguien para asesinarlo.
- ¿Y alguien de su entorno? ¿Sabe de alguien capaz de hacerle esto?
- No, nadie se la tenía jurada. ¿Están seguros de que no ha sido un ladrón al que sorprendió mi tío?
- Señorita Lemarchand, es una posibilidad que estamos investigando. Lo mismo que estamos investigando cualquier otra posibilidad- dijo Weston-. Ahora si es tan amable de facilitarnos sus huellas dactilares…
Cora no puso ningún reparo en que le tomaran las huellas dactilares. A continuación salió del salón frotándose las yemas de los dedos manchados de tinta con su pañuelo.
- ¿Qué opina, O’Connor?
- De momento, que la señorita Lemarchand y el doctor Levine hacen una pareja “curiosa”- dijo el detective encogiéndose de hombros.
Weston puso los ojos en blanco al tiempo que chasqueaba la lengua.
- ¿Con quién quiere que nos entrevistemos ahora?
- ¿Qué tal con la secretaria?
¡¡¡NO OLVIDÉIS VOTAR EN LA ENCUESTA DE LA IZQUIERDA!!! ¿QUIÉN CREÉIS QUE ES EL ASESINO? ¿ESTARÉIS EN LO CIERTO?