CAPÍTULO 14
EXTRAÑO COMPORTAMIENTO
C |
olin salió al jardín de Blackwell Manor. Lo hizo por el ventanal del salón con la mirada inquisitoria de la señorita Drake clavada en su espalda. Ella le había dicho que creía que Cassandra se encontraba en el jardín trasero o en el invernadero, tal y como acostumbraba. A la secretaria no le había hecho gracia que se presentara allí de visita. Sabía que a aquella bruja no le gustaba. El sentimiento era recíproco.
Pisó el césped y las gotitas de lluvia saltaron mojándole los zapatos. Había estado lloviendo toda la mañana y finalmente había amainado durante la tarde. Por eso se había animado a acercare a la mansión. Llegó hasta los altos setos que rodeaban el pozo. El color verde de la hierba brillaba violentamente tras aquella tarde de lluvia. A través del arco de hierba que servía como acceso vislumbró la inmóvil figura de Cassandra. Estaba sentada sobre el borde del pozo, girando la espalda y mirando hacia el oscuro fondo. De repente pasó con decisión una pierna por encima del borde. Se inclinó un poco más. Colin empezó a correr en su dirección. La otra pierna de Cassandra comenzó a alzarse del suelo. Pareció vacilar un segundo en el aire, pero finalmente continuó subiendo la pierna. Su brazo derecho se aferraba con fuerza al arco de hierro que se alzaba sobre el oscuro pozo. Ya tenía ambas piernas oscilando en el vacío. La chica se inclinó un poco más al abismo… Colin cruzó el arco de hierba a gran velocidad.
- ¡Cassandra, no!
El grito del joven cogió por sorpresa a Cassandra. Giró la cabeza en dirección a Colin. Tenía los ojos abiertos de par en par y el semblante pálido por el pánico. Finalmente el peso de su cuerpo fue más fuerte y el cuerpo de la joven desapareció por la boca del pozo. Colin se abalanzó contra el pozo dando un fuerte alarido. Cassandra yacía aferrada con sus dos manos al hierro oxidado del arco del pozo. Sus piernas oscilaban peligrosamente bajo el vuelo de su vestido. Su cara era el reflejo del terror en estado puro. El pasador que llevaba puesto se le había desprendido, dejando sus cabellos rojizos sueltos.
- ¡Colin, ayúdame por favor!- la voz de Cassandra sonó ronca.
- ¡Tranquila Cassandra, yo te ayudaré! Tienes que mantener la calma- era el menos indicado para aconsejar a alguien que se mantuviese tranquilo.
Se inclinó sobre la boca del pozo y agarró los brazos de la chica. Tiró con fuerza y temió que debido a su escasa fuerza acabasen ambos en el fondo del pozo. Su acto caballeroso habría quedado limitado a ser un trágico y patético intento de salvamento. Casandra agarró sus antebrazos con todas sus fuerzas, llegando incluso a hincar sus uñas. Él ignoró el dolor y siguió tirando.
- ¡Aguanta, Casandra! ¡No te sueltes!
Apoyó la planta de su pie derecho contra el pozo, el otro pie en el suelo. Cogió impulso y volvió a tirar. Los brazos de la chica aparecieron por encima del borde del pozo. Otro tirón más y aparecieron la cabeza y el pecho. Cassandra se aferró al borde de piedra, acción que aprovechó Colin para asirla por la cintura y terminar de sacarla de allí. Cassandra cayó sobre el césped totalmente exhausta, al borde del desmayo y jadeando por la falta de aire. Colin se arrodilló junto a ella también falto de aliento.
- ¿Estás…estás bien?
- Creo que… sí- la voz de la chica sonó ahogada.
Ella se sentó en el suelo. Con el semblante pálido y perlado de sudor, y los cabellos alborotados, tenía un aspecto terrorífico.
- ¡¿Qué… cómo… qué diablos pretendías hacer?!- las palabras de Colin salían entrecortadas y su voz sonaba demasiado aguda.
- No lo sé…- la voz de Cassandra apenas era un susurro. De pronto su actitud se tornó como el de una niña pequeña a la que estaban regañando.
- ¿Qué no lo sabes?- inquirió Colin incorporándose y andando de un lado a otro-. ¡Te diré yo lo que has intentado hacer! ¡La cosa más absurda que se te podía haber ocurrido! ¡Suicidarte! ¿Pero, por qué?
- No lo sé…- de repente la voz se tornó en un sollozo y las lágrimas inundaron sus ojos-. ¡No sé que hacía… no sé qué hacía ahí subida!… ¡no recuerdo cómo he llegado hasta aquí! ¡No recuerdo lo que he hecho en los últimos minutos!
La chica se puso a llorar desconsoladamente. El enfado de Colin se disipó al instante. Se arrodillo junto a ella y le acarició la cabeza con ternura:
- Tranquilízate, Cassandra. No quería gritarte. Simplemente me has asustado- la voz de Colin sonaba lo más amable posible, a pesar de los nervios-. Todo saldrá bien.
- No, no… todo está mal… Yo no estoy bien… Tengo lagunas mentales… desde el asesinato.
- ¿Lagunas mentales? Explícate.
- Todo es muy confuso…Desde poco después de la muerte del “tío Rufus” me siento de lo más extraña. Siento como si… flotara. No recuerdo cosas- la voz de la chica sonaba temblorosa y desesperada-. No recuerdo situaciones. Estoy tranquilamente en mi cuarto y, de repente, cuando soy vuelvo a ser consciente, estoy manteniendo una conversación con Cora. Ha pasado cerca de una hora y no recuerdo qué he hecho durante ese tiempo, ni cómo he llegado hasta allí.
- El doctor Levine dijo que era normal después del shock.
Cassandra negó enérgicamente con la cabeza.
- No, hay algo que no funciona en mi cabeza. Siempre han dicho que soy rara… Que he heredado de mi madre esa rareza… Y esto va a peor… Comienzo a tener alucinaciones: veo gente que desaparece repentinamente, escucho voces…- Cassandra se llevó las manos a la cara-. Creo que maté al “tío Rufus”, pero no lo recuerdo…
- ¡Cassandra, no digas tonterías! Tú eres inocente- exclamó Colin.
- ¿Cómo explicas lo que me está pasando si no se trata de locura? ¿Cómo explicas lo de mi vestido manchado con la sangre de mi tío? ¿Y qué me dices de lo que pinté en el cuadro?
- Escúchame, Cassandra. Quítate esas ideas de la cabeza- la incorporó del suelo e hizo que le mirase a la cara-. No sé cómo lo voy a hacer, pero voy a encontrar una solución. Necesito que…
Las palabras quedaron inconclusas en los labios de Colin. Había algo extraño en los ojos de Cassandra. Habitualmente no eran así… Se inclinó para mirarlos más de cerca, pero una voz semejante aun ladrido resonó en el jardín:
- ¿Qué ocurre aquí?
Sorprendidos, miraron al recién llegado. Se trataba del inspector Randall que les miraba desde el acceso del pozo. Se acariciaba el bigote pensativo.
- ¿Interrumpo algo?- preguntó escrutando a Colin con sus ojillos desconfiados.
Cassandra se dio la vuelta y se enjugó las lágrimas disimuladamente.
- ¡Oh, buenas tardes! Usted debe ser el inspector Randall. Sí, va todo bien. Estábamos charlando.
- ¿Es cierto eso, señorita Jones?
- Sí, va todo bien- a pesar de que Cassandra trató de sonreír, el efecto no fue el deseado.
- ¿Quién es usted, jovencito?
- Me llamo Colin McCarthy. Soy primo del inspector O’Connor.
- ¡Ah, el primo de ese detective irlandés!- el tonó del inspector fue del todo despectivo-. Bien, creo que más tarde deberíamos mantener una conversación usted y yo acerca del caso. Ahora me gustaría charlar a solas con la señorita Jones. Si es usted tan amable de dejarnos solos…
- No creo que sea buena idea hablar ahora con la señorita Jones. A decir verdad se encuentra desconsolada con la muerte de su tío y creo que no es buen momento para interrogatorios- contestó Colin.
- ¿Interrogatorio? ¿Quién está hablando de interrogar?- preguntó Randall cínicamente-. Sólo quiero intercambiar unas palabras con la señorita Jones amigablemente.
- Colin, no te preocupes. Estoy bien- el tono de Cassandra sonó frio.
Colin la miró interrogadoramente, pero la mirada de ella fue lo suficientemente elocuente para hacerle marchar de allí de mala gana.
* * * *
Inquieto, Colin caminaba de un lado a otro por su cuarto como un animal enjaulado. No sabía qué hacer y eso le ponía de los nervios. Miró por la ventana y oteó al exterior. El sol comenzaba a ponerse y las nubes volvían a agolparse cubriendo todo el firmamento. La tregua atmosférica se había terminado. Soltó un suspiro de frustración y volvió a pasear de un lado a otro. Tenía calor. Se subió las mangas de la camisa y seguidamente se pasó las manos por el pelo con frustración, quedando despeinado de una forma graciosa. Unos leves golpecitos en la puerta interrumpieron su paseo.
- Adelante- dijo con voz ahogada.
- Tía Stelle me ha preguntado si te queda mucho para desgastar el suelo de tu habitación- el tono sarcástico de su primo apenas se distinguía en su suave voz-. ¿Ocurre algo?
- No, nada- intentó que su voz sonara lo más natural posible.
La sonrisa de O´Connor desapareció de su boca cuando se fijo en los antebrazos de su primo. Estaban cubiertos de arañazos. Colin miró hacia donde miraba su primo y se apresuró a bajarse las mangas de la camisa. Pero ya era demasiado tarde. O’Connor cerró la puerta y se acercó a él.
- Colin, ¿qué ha pasado?- su voz se tornó grave-. ¿Cómo te has hecho eso?
Pensó en mentirle. Finalmente enrojeció de vergüenza. Se sentó encima de la cama y se dispuso a relatar lo sucedido aquella tarde. Al final del relato O’Connor no dijo nada. Se limitó a observarle pensativo.
- Sé que ella no ha matado a su tío. De eso estoy seguro- dijo Colin con vehemencia-. Y me resisto a pensar que esté loca, a pesar de lo que dicen de su madre y de que esos problemas pueden ser hereditarios.
O´Connor seguía sin contestar.
- Tú piensas que ella le mató, ¿verdad?- preguntó Colin abriendo los ojos desmesuradamente.
- No, la verdad es que no. Hay demasiadas pruebas en contra de ella. No creo que ella fuese tan tonta como para no ocultarlas.
Su primo pareció bastante aliviado.
- Había pensado que tal vez su comportamiento fuese debido a la ingesta de algún tipo de droga. Cocaína, tal vez. Pero me resulta inconcebible que una chica tan inocente como ella sea aficionada a tomar esas sustancias- el tono de Colin sonaba de lo más mojigato.
- No sería la primera chica de su edad que las consumiese- repuso O’Connor.
- La cocaína sería una opción en cuanto a la rareza de sus ojos se refiere. Tiene las pupilas enormes, completamente dilatadas. Pero eso no explica lo de las pérdidas de memoria, ni lo de las alucinaciones.
- Cada cuerpo es un mundo y puede reaccionar de forma diferente. Tal vez sea ese el modo de responder del cuerpo de Cassandra ante ese tipo de sustancia. O tal vez se trate de otro tipo de droga.
- No me puedo creer que ella tome alguna de esas sustancias por su propia cuenta. Alguien se la ha tenido que proporcionar y conseguir que se enganche a ella.
O’Connor pensó que su primo era de lo más ingenuo, y que al estar tan apegado a las faldas de su madre, tenía un punto de vista de la vida de lo más mojigato.
- No te preocupes, averiguaré qué le pasa- le aseguró O’Connor.
* * * *
Aún así Colin no había quedado satisfecho del todo. Consultó su reloj y vio que no era demasiado tarde para llamar por teléfono. Bajó a la salita. No había nadie. ¡Estupendo! Marcó el número y esperó a escuchar el tono de llamada. Al tercero respondió la voz del doctor Levine:
- Doctor Levine al habla- contestó con tono solemne.
- Doctor Levine, soy Colin McCarthy.
- ¡Ah, señor McCarthy! ¿En qué puedo ayudarle?- el tono de voz se volvió más afable.
- Me gustaría hablar con usted mañana, si es posible.
- Por supuesto, ¿quiere que le haga algún hueco en la agenda para mi consulta?
- No, no es por un tema médico.
- Bien, pase por mi casa por la tarde. Después de las consultas estoy en el cobertizo de mi casa, preparando mi investigación. Allí me encontrará.
* * * *
Bowers se aproximó al despacho del sargento Weston. Llamó a la puerta con los nudillos y esperó hasta escuchar una voz que le invitaba a pasar. Una vez dentro hizo el saludo oficial llevándose el dorso de la mano a un lado de la frente.
- Dígame, Bowers- dijo Weston con voz cansina.
- Ha llegado este telegrama a su nombre, sargento.
Le entregó el telegrama. Weston lo abrió con cierta apatía. Lo leyó y su rostro adquirió rápidamente un color rojizo-purpúreo. Golpeó su escritorio con el puño.
- ¡Maldita sea!- exclamó-. Bowers, llámeme al consulado británico de Estados Unidos inmediatamente.
Una vez se hubo marchado Bowers, volvió a maldecir y estrujó el telegrama con su mano.
DIGO YO QUE A ESTAS ALTURAS DE LA HISTORIA TENDRÉIS ALGÚN QUE OTRO SOSPECHOSO... VOTAD EN LA ENCUESTA PARA VER SI ESTÁIS EN LO CIERTO!!!
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