CAPÍTULO 5
O’CONNOR INTERVIENE
V |
einte minutos después aproximadamente Stephen O’Connor llegó a Blackwell Manor. A esas horas ya habían acudido el forense y más refuerzos a la escena del crimen. Uno de los agentes recién llegados le salió al paso y, tras identificarse, fue conducido hasta la biblioteca. Allí encontró a Weston que hablaba con el forense. El sargento pareció aliviado al verle. La preocupación le daba un aspecto más demacrado. Parecía diez años mayor. El rostro de Weston se relajó considerablemente cuando vio al detective. Le dio unas últimas instrucciones al forense y este a su vez le pidió a un agente que sostenía una cámara que hiciese unas determinadas fotos.
- O’Connor, ¡cuánto me alegro que haya acudido lo antes posible!-comentó Weston apretando fuertemente la mano del detective-. Necesito tu ayuda.
- Ya veo… ¡no me puedo creer que le hayan hecho esto a lord Blackwell! ¿Quién iba a decir que pocas horas después de anunciar anoche su compromiso iba a ser asesinado brutalmente?- preguntó O’Connor mirando con desagrado el cadáver.
- ¿Anoche? ¿Compromiso? ¿Acaso estuvo anoche con lord Blackwell?-preguntó Weston sorprendido. O´Connor asintió y procedió a explicarle brevemente su invitación a la cena y la posterior noticia sobre el compromiso que dio al final de la misma-. ¡Vaya! Me alegro aún más si cabe de haberle pedido que acudiera- Weston pareció avergonzado-. O´Connor, me cuesta admitirlo, pero creo que un caso como este me viene grande. No estamos acostumbrados a este tipo de crímenes en este apacible rincón del país y cualquier ayuda es poca. Por eso me atrevo a pedirle consejo, O’Connor…
- Cuenta con toda mi ayuda, Weston. Eso ni lo dude.
Weston había sido un buen amigo de su tío, el difunto coronel Ian McCarthy. Durante sus visitas a sus tíos, O’Connor y el sargento Weston había compartido muchas horas, en las cuales la mayor parte eran acerca de temas policiacos. Weston era una de las pocas excepciones frente a la manía de O’Connor de no hablar de sus casos. Esto era debido a que Weston entendía su profesión y era un hombre juicioso.
O’Connor hizo un barrido con su mirada de toda la biblioteca. La noche anterior había apreciado el buen gusto con que se había decorado. El tono claro de la moqueta contrastaba notablemente con el oscuro color de las paredes de madera de caoba. Según se entraba, la pared de la derecha estaba cubierta de altas estanterías atestadas de gruesos libros. A mitad de dicha pared, entre las estanterías, había una gran chimenea con acabados en mármol que destacaba frente al oscuro color de las estanterías. Frente a la puerta se encontraban los dos ventanales que comunicaban con la terraza. Unas pesadas cortinas color borgoña tapaban parcialmente la luz mortecina del sol. La pared de la izquierda estaba cubierta por unos paneles de madera con unos laboriosos adornos del mismo material, que si bien eran de un gusto exquisito, le daba cierto recargo a la estancia. La noche anterior le había parecido ver que algunos de esos paneles de madera, en realidad eran armarios camuflados en la pared. Se acercó a ellos para verlos de cerca, y sus sospechas se confirmaron al ver camuflados entre los adornos unos pomos para abrir la puerta de los armarios. Cogió uno de los pomos y tiró de él. Eran unos armarios amplios. Dentro había numerosos libros apilados, algunos paraguas, palos de golf, incluso un viejo globo terráqueo.
O´Connor cerró el armario y se volvió hacia la chimenea. Frente a la misma estaba el sillón orejero a los pies del cual se hallaba el cadáver. Junto al sillón una pequeña mesita sobre la que se hallaban un par de libros apilados, una gran botella de whisky y un vaso ancho lleno por la mitad de dicha bebida. La última copa del difunto había sido interrumpida. Había un periódico caído junto a la mesa. Cerca de los ventanales había un conjunto formado por un sofá y un sillón color beige alrededor de una mesita de café. En la esquina más cercana al sofá estaba el gramófono. Había unos pocos cuadros colgados en toda la estancia. La temática de todos ellos era la caza.
Se aproximó hacia la chimenea y se agachó para otear entre las cenizas. Se disponía a coger el atizador que no había sido utilizado para asesinar y que estaba colgado sobre su soporte, pero en el último instante cambió de opinión. En su lugar cogió un pañuelo y cogió el atizador por el centro para evitar borrar cualquier posible huella del mango. Miró con atención una pequeña y apenas perceptible mancha oscura rojiza en la junta que unía el mango blanco con la parte metálica.
- Weston, si fuera usted mandaría a analizar este atizador también.
El sargento Weston se acercó intrigado.
- ¿Qué ha encontrado?- preguntó.
- Juraría que esto es sangre- dijo O’Connor señalando la pequeña mancha-. Me apostaría una cena a que este atizador no contiene ninguna huella dactilar. Se ve que lo han limpiado a conciencia, pero se han dejado esta pequeña mancha en la junta del mango.
- ¿Insinúa que han utilizado en realidad este arma para matar a Lord Blackwell?- preguntó Weston. O’Connor se encogió de hombros.
- Lo veo muy probable. Si encuentran huellas en el atizador que está junto al cadáver, la persona a la que pertenezcan dichas huellas ganaría todas mis simpatías.
- ¿Por qué?
- Porque pretenden que las sospechas recaigan sobre dicha persona. Aunque bueno, todo esto son suposiciones.
- Tal vez dos personas atacaran a lord Blackwell con sendos atizadores. Eso explicaría lo salvaje del asesinato. Después limpiaría la sangre de uno de los atizadores para despistarnos.
- Es otra posibilidad- murmuró O’Connor sin mucho convencimiento.
A un gesto casi imperceptible de Weston, un agente que permanecía en la puerta se acercó. Weston le entregó el atizador y le dijo que lo llevase para que lo analizaran. O’Connor, por su parte, continuó mirando los restos de la chimenea. No encontró nada significativo. Se irguió y se dirigió hacia los ventanales. Miró a través de ellos y vio a un par de agentes analizando unas pisadas que había por la terraza y por el jardín.
- Analizaremos esas huellas, aunque creo que no arrojará luz al asunto. Parece ser que ayer por la tarde el jardinero estuvo plantando unas flores en los parterres que están en esa zona y probablemente las huellas sean de sus botas. De todas formas no desperdiciaremos una posible pista- comentó Weston pasándose la mano por el bigote-. Sin embargo, hemos encontrado los ventanales cerrados por dentro, así que la idea de que un intruso entró a través de ellos es absurda.
- Ya veo…-murmuró O´Connor rascándose la barbilla pensativamente. Miraba la zona de la moqueta que se encontraba junto a los ventanales en busca de alguna posible pisada, pero no había ni rastro de ella. Su atención se centró en la zona de la moqueta que se encontraba al lado de uno de los sillones beige, concretamente el más cercano a los ventanales-. ¡Qué curioso!
- ¿El qué le parece curioso, O’Connor?
- Estas marcas en la moqueta. Anoche estuve sentado en este sillón tomando café. Se me cayó la cucharilla y dejó una pequeña mancha en la moqueta. Traté de limpiarla disimuladamente con una servilleta, pero no desapareció del todo. La pequeña mancha sigue ahí, pero anoche no estaban estas señales- Weston apreció la mancha de café y justo al lado de la misma, una leve señal alargada y blanquecina que se alejaba hasta el ventanal más cercano-. Parece como si hubiesen arrastrado este sillón hasta el ventanal.
- Tal vez alguien del servicio lo movió para limpiar algo después de que se marcharan todos de la biblioteca- comentó Weston.
- Tal vez sea eso- se resignó O’Connor con el ceño fruncido.
Examinaron el resto de la habitación, pero no encontraron nada significativo. O’Connor volvió a observar de cerca el cadáver, pero no le llamó nada la atención.
- Lord Blackwell se encontraba de pie, detrás del sillón sobre el que estaba sentado. Tal vez se disponía ya a marcharse o quizás escuchó algo y fue a averiguar qué era.
- No creo que se marchara a dormir, no se había terminado su copa, y ese whisky tan bueno no se debe desperdiciar-contestó O’Connor con una leve sonrisa-. Quizás, como dice usted, escuchó algo o simplemente se disponía a coger otro libro… O tal vez estaba reunido aquí con alguien: el asesino. Éste le atacó y lord Blackwell se incorporó para defenderse…
- A saber… Si estas paredes hablaran- se lamentó Weston-. Hemos registrado los bolsillos de su batín pero no hemos encontrado nada. Lord Blackwell acostumbraba a permanecer un rato en su despacho a última hora y después venía aquí a leer un rato algún libro o algún periódico y a beber algo antes de irse a dormir. Siempre se acostaba más tarde que los demás.
Weston ordenó a los agentes que cubrieran el cadáver y que se lo llevaran de la biblioteca. Ambos salieron también de la escena del crimen y se dirigieron hacia el salón. Bowers que había estado interrogando a los criados les salió al paso. Weston le pidió que le hiciera un resumen de lo que había averiguado.
Bowers les contó que el personal era escaso. La señorita Drake hacia las labores de ama de llaves, por eso no contaban con una de verdad en la casa. A sus órdenes estaban tres criadas: Alice, Edna y Gladys. Esta última se hallaba esos días fuera de la casa porque tenía una semana de permiso para visitar a sus parientes. En la casa también había una cocinera y una pinche de cocina. El jardín lo cuidaba Rogers, un hombre mayor que vivía en una pequeña casa detrás de la mansión. Le ayudaba en sus labores un chico de unos quince años, habitante de Green Mills. Las criadas compartían habitación, así como la cocinera y la pinche, y tanto unas como otras juraban que ninguna abandonó el cuarto la pasada noche.
- Todo el personal lleva bastante tiempo trabajando en la casa a excepción de la pinche de cocina, pero la cocinera es tía suya y responde por ella-. Comentó Bowers estremeciéndose al recordar la ferocidad con la que aquella mujer defendía a su sobrina.
- ¿Sabemos algo de los últimos movimientos de lord Blackwell?
- Sí. Una vez que se despidió de sus invitados se dirigió a su despacho, el cual está anexo a su cuarto. Pocos minutos después se reunieron con él su sobrina y la señorita Jones. Estuvieron reunidos durante unos veinte minutos. Ambas se despidieron de él y se fueron a sus respectivas habitaciones. Edna las vio salir y afirma que las notó muy tensas, no intercambiaron ninguna palabra de camino a sus cuartos- dijo el agente pasando una hoja de su libretita-. La misma criada afirma que a eso de las once y media se encontró al señor Samuelson. Él le preguntó si había encontrado un encendedor de plata en la biblioteca. La criada le contestó que no y se ofreció a buscarlo, pero el señor Samuelson le dijo que lo buscaría él mismo. Edna no le vio volver a subir, ni sabe a qué hora regresó a su habitación.
- ¿A qué hora bajó lord Blackwell a la biblioteca?
- Pues según tengo entendido, a eso de las doce menos cuarto. Pero no es muy seguro ya que fue Alice la que le vio a entrar. Alice es la chica que encontró esta mañana el cadáver y se encuentra con un ataque de histeria, no es para menos. El doctor Levine le ha suministrado un sedante. De modo que de momento está durmiendo. Según el doctor, deberíamos aplazar el interrogatorio de la chica unos días porque ha sufrido una fuerte impresión y puede sufrir un fuerte ataque de nervios fácilmente.
- Entiendo- murmuró Weston.
- El caso es que la hora a la que entró en la biblioteca no es muy segura ya que ha sido Edna, la otra criada, quién me lo ha dicho. Me ha comentado que Alice se encontraba en ese momento en la biblioteca recogiendo el servicio del café. Lord Blackwell entró y le ordenó que se fuese a dormir. De modo que la chica se fue de la biblioteca con el servicio de café en una bandeja, la dejó en la cocina y se retiró a dormir.
- De modo que, nosotros sepamos, ella fue la última que le vio con vida- dijo Weston. Bowers asintió-. No tenemos la certeza que nadie más bajase a la biblioteca, ¿verdad?
- No, el personal se retiró a sus aposentos y no se vio bajar a nadie más. Habrá que preguntárselo a los invitados.
- ¿Y nadie escuchó nada? ¿Ningún grito o golpe?
- Las habitaciones del personal se encuentran en la misma planta que la biblioteca, pero en la parte posterior de la casa, es decir, bastante alejadas. Lo mismo pasa con el jardinero, que duerme en una caseta detrás de la casa; de todas formas el buen hombre está sordo como una tapia. El resto de invitados duerme en el primer piso, en la parte contraria de la casa. En cuanto a la habitación que está justo encima de la biblioteca, es la que pertenecía al difunto. Así que parece que nadie pudo oír nada.
- De todas formas si cogieron a lord Blackwell por sorpresa no creo que soltase más que un grito al ser atacado. Quizás quedó inconsciente al primer golpe- puntualizó O’Connor.
- Gracias por el informe Bowers. Nosotros proseguiremos con los interrogatorios.
¡¡¡¡NO OS OLVIDÉIS DE VOTAR EN LA ENCUESTA QUE ESTÁ A LA IZQUIERDA QUIÉN CREÉIS VOSOTROS QUE ES EL CULPABLE!!!! ¿¿¿ESTARÉIS EN LO CIERTO???
y el mayor kane es el único q no han visto pasar de nuevo por la biblio? ha sido él...jajaja
ResponderEliminartiene motivo y posibilidades para haberlo hecho, igual q todos! :P
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