miércoles, 1 de junio de 2011

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 7
LOS NEGOCIOS DE LORD BLACKWELL


E
ncontraron a la señorita Drake en el despacho del difunto. Bowers les había informado que la secretaria se encontraría allí organizando algunos papeles por si querían hablar con ella. Llamaron a la puerta y no esperaron respuesta para entrar. La secretaria se encontraba detrás del escritorio con una carpeta en las manos. Parecía muy satisfecha de sí misma al demostrar que, a pesar de haber ocurrido una terrible tragedia en la casa, ella continuaba con su trabajo. La eficiencia rebosaba por todos sus poros.

-           Sargento Weston. Señor O’Connor- el matiz de la voz se tornó un poco más frío al decir el nombre del detective-. He estado organizando un poco los papeles de lord Blackwell, para facilitarles el trabajo en caso de que deseen echarles un vistazo.
-           ¡Vaya, señorita Drake! Veo que se ha mantenido ocupada- comentó Weston acercándose un poco al escritorio.
-           ¿De qué me sirve mantenerme inactiva en estos momentos? Va contra mi naturaleza el mantenerme yendo de un lado hacia otro sin hacer nada de utilidad- dicho esto, volvió su atención hacia los papeles que se apilaban en el escritorio-. Veamos, aquí tienen las escrituras de sus propiedades, estatutos de su empresa en Londres, los de la empresa de Estados Unidos, acciones, su agenda, extractos de sus cuentas bancarias, talonarios…

Echaron un vistazo ante la atenta mirada de la secretaria, la cual hacía alguna que otra observación o contestaba a cualquier duda que cualquiera de los dos hombres tuviese. Finalmente Weston retornó a la idea inicial que le había llevado a buscar a la señorita Drake: interrogarla. Ya habría tiempo para hojear los asuntos de negocios de lord Blackwell; de todas formas O’Connor parecía concentrado en aquellos papeles. De hecho se había sentado en el gran butacón de cuero, que tantas veces había ocupado el difunto, y se había puesto a echar un vistazo a aquellos informes

-           Señorita Drake, me gustaría hacerle unas preguntas.
-           Por supuesto sargento Weston. Colaboraré en todo lo que pueda- la disposición de la secretaria resultaba algo petulante.
-           Me gustaría saber qué hizo después de que se fueran los invitados.
-           Le di unas últimas indicaciones a las criadas, después volví a la biblioteca a coger un par de libros que quería hojear, e inmediatamente después de encontrarlos subí a mi cuarto.
-           ¿No volvió a ver a lord Blackwell?
-           No, una vez que se marchó a su despacho después de tomar el café no volví a verlo… con vida- dijo con voz trémula.
-           ¿Escuchó algo por la noche? ¿Algún grito? ¿Algún ruido a deshora?
-           No, lamento no poder ayudarle a ese respecto. Antes de dormir tomo un somnífero. Siempre he tenido problemas para conciliar el sueño.
-           Sin embargo escuchó los gritos de Alice esta mañana…
-           La dosis que tomo es muy leve. A esa hora de la mañana ya apenas estoy bajo el efecto del somnífero. Además, es imposible no despertarse cuando una criada histérica entra en tu cuarto dando gritos y zarandeándote- el tono de la secretaria se tornó amargo.
-           ¿Sabe si lord Blackwell tenía algún enemigo?

Sarah Drake soltó una seca risotada.

-           Los hombres de negocios como lord Blackwell fácilmente se granjean algún que otro enemigo. Para triunfar en los negocios hace falta tener pocos escrúpulos, y lord Blackwell no los tenía. De modo que habrá más de una persona que se alegre de su muerte.
-          ¿Puede decirme el nombre de alguna de esas persona?
-          Dudo mucho que ninguno de ellos se moleste en ponerle la  mano encima a alguien como lord Blackwell, ni que manden a alguien para que le quitase del medio- de todas formas la señorita Drake mencionó un par de nombres, aunque volvió a repetir que no creía que alguno de ellos estuviese implicado.
-           ¿Y qué me dice de la gente que rodeaba a lord Blackwell?

            Una irónica sonrisa se dibujo en su cara. La secretaria se había estado preguntando cuando le harían esa cuestión.

            -          Por lo que veo la historia de un posible asaltante va descartándose por momentos. Sospecha de uno de nosotros- Weston no contestó a su insinuación-. Bueno, como ya le he dicho, me comprometo en ayudarles en todo lo que esté mi mano. Me parece muy poco probable que haya sido alguien de la casa. Y en cuanto a los invitados… no me puedo imaginar a nadie capaz de hacer eso.

                        Algo en el tono de la mujer hacía que Weston notase que no estaba siendo todo lo sincera que debía ser.

                        -           ¿Sabe si discutió con alguien de la casa en los últimos días? Si es así, creo que debería decírnoslo, señorita Drake.
                       
                        La secretaria abrió la boca para protestar, pero tras meditarlo unos instantes pareció cambiar de parecer y su actitud se tornó algo más cautelosa.

                        -          Bueno, la verdad es que le escuché discutir con alguien ayer por la tarde. Pero no creo que esa discusión tenga nada que ver con el asesinato.
                        -           ¿Con quién discutió lord Blackwell?- preguntó Weston cortando las excusas de ella.
                        -           Con el señor Samuelson.
                        -          ¿Y sobre qué discutieron? Explíquenoslo lo más detalladamente posible.
                        -          Bueno, ocurrió después de la hora del té. Lord Blackwell se entrevistó con el señor Samuelson después de que el doctor Levine le atendiese, ya que no se encontraba bien después de tan largo viaje. Yo me disponía a entregarle un importante telegrama que acababan de traer. Iba  a llamar a la puerta cuando escuché voces muy fuertes aquí, en el despacho. El señor Samuelson era quien gritaba. Apenas escuchaba la voz de lord Blackwell, que parecía más calmado. No sabía muy bien qué hacer, si interrumpir la discusión o marcharme. Tras dudar unos instantes, opté por lo segundo y me alejé de la puerta.
                        -           ¿Consiguió entender parte de la discusión?

                        La señorita Drake se sonrojó y asintió con la cabeza:

                        -          Sólo algunas frases sueltas que pronunció el señor Samuelson: “¡No me puedo creer que me estés acusando de una cosa semejante!”- dijo la secretaria imitando torpemente al señor Samuelson-. Después lord Blackwell dijo algo que no llegué a entender, a lo que el señor Samuelson respondió: “¡No tienes pruebas, te estás marcando un farol!”. Lord Blackwell murmuró algo como: “Veremos si la policía opina lo mismo”. Entonces la actitud del señor Samuelson se tornó suplicante, no entendía qué decía, pero le estaba rogando que no acudiese a la policía. Como vio que lord Blackwell no daba su brazo a torcer finalmente exclamó que se arrepentiría de hacerle eso. Yo me alejé de allí antes de que saliese dando un portazo. Fue una situación muy incómoda.

                        Weston sonrió levemente. Para haber permanecido unos instantes junto a la puerta había escuchado gran parte de la conversación. No hay nada más vergonzoso para la forma de ser de un inglés que admitir que ha estado escuchando una conversación a hurtadillas.

                        -           ¿Tiene idea sobre qué discutían?
                        -           Me temo que sí- asintió la señorita Drake dirigiéndose hacia el escritorio y rebuscando entre los papeles allí apilados. Cogió un dossier y se lo entregó a Weston-. Hace unos años la empresa de piezas de ferrocarriles, de la cual era lord Blackwell su máximo inversor, se expandió en forma de otra sucursal en Estados Unidos. Querían aumentar el mercado más allá del continente. Lord Blackwell puso al frente de la nueva sucursal al mayor accionista de su empresa y mano derecha, el señor Samuelson. Se encarga de la gestión y de las finanzas de dicha sucursal. Anda a caballo entre Londres y Nueva York, pasando largas temporadas en Estados Unidos. Pero lord Blackwell siempre fue un hombre bastante desconfiado, más aún en asuntos de negocios. Comenzó a sospechar que había “ciertas irregularidades” en la gestión de la nueva fábrica. De modo que decidió ponerse a investigar por su cuenta. Contrató a unos detectives privados de Nuevo York, expertos en investigar este tipo de asuntos financieros. Los resultados de los investigadores no tardaron en llegar, Samuelson estaba inflando las cuentas de la empresa, alegaba gastos que no estaban injustificados del todo… Justo lo que lord Blackwell sospechaba.

                        La secretaria les señaló en el dossier un par de extractos bancarios que mostraban el pago de los gastos de la investigación privada del difunto. Ambos estaban dirigidos a Browne & Jenkins Investigadores Inc.

                        -           Lord Blackwell decidió viajar a Nueva York para reunirse con los investigadores, para que le explicasen de primera mano lo que habían descubierto y poder verlo con sus propios ojos. Aprovechó que el señor Samuelson se encontraba aquí y anunció su viaje con la más mínima antelación posible, para así cogerlo desprevenido.
                        -           Entonces ayer por la tarde suponemos que lord Blackwell le hizo saber al señor Samuelson lo que había descubierto y le comentó que pensaba ponerlo en conocimiento de la policía- comentó Weston pensativo-. ¿Le hizo a usted participe de sus sospechas y su plan?
                        -           Sí, de hecho yo fui quien se encargó de ponerle en contacto con los investigadores de Nueva York- no era capaz de disimular cierto tono de orgullo en su voz al haber sido participe en la investigación-. Sin embargo, entre los papeles he echado en falta el informe que los investigadores redactaron para que lo presentase a las autoridades. Estaba en una cartera de piel color marrón. No la encuentro por ningún lado.
                        -           ¿Tenía lord Blackwell alguna caja fuerte? ¿Ha mirado allí?
                        -           Lord Blackwell era lo suficientemente precavido como para no decirme ni siquiera a mí la combinación de la caja fuerte- dijo la secretaria sonriendo levemente mientras se acercaba a un cuadro que  estaba junto a una estantería. Presionó con firmeza y retiró el cuadro que estaba sujeto por uno de sus lados por unas bisagras, como si se tratara de una puerta. Tras el cuadro se encontraba la caja fuerte-. Supongo que tras la lectura del testamento, los abogados desvelaran su clave y podremos ver qué hay en su interior.
                        -           ¿Estaría, señorita Drake, dispuesta a declarar esto que nos acaba de contar ante un jurado si fuera necesario?
                        -           Por supuesto que sí- afirmó la secretaria llena de dignidad.
                        -           O’Connor, ¿le gustaría preguntar algo a la señorita Drake?

                        El detective había estado echándole un vistazo a los papeles y ahora se encontraba mirando el talonario del difunto.

                        -           Sí, ¿sería tan amable de explicarme por qué lord Blackwell extendió dos talones a nombre de Cédric M. Argeneau? La fecha de uno de ellos, el más reciente, es de hace unos días; coincidiendo con su estancia en Estados Unidos. La otra es de hace unas semanas.

                        Sarah Drake frunció el ceño, extrañada cogió el talonario que O’Connor le ofrecía y lo examinó.

                        -           No tengo ni idea de quién es el tal Argeneau. Admito que anteriormente había visto el primer cheque, pero lord Blackwell no me dijo para quién era ni para qué pagaba esa cantidad de dinero tan elevada.
                        -           Una última pregunta, señorita Drake: ¿estaba enamorada de lord Blackwell?- preguntó O’Connor con aparente inocencia.

                        El cuerpo de la señorita Drake pareció sufrir un latigazo. La tensión se apoderó de su cuerpo. Frunció los labios y fulminó con la mirada a O’Connor.

                        -           No. No soy de ese tipo de secretarias patéticas que se enamoran de sus jefes. Mi única pasión es mi trabajo. Nunca he aspirado a convertirme en lady Blackwell. Conozco perfectamente mi sitio- la voz grave de la mujer resonó en la estancia como un tiro-. Le he dicho que les ayudaría en su investigación; por eso les digo que si van por ese camino, están equivocados: no maté a lord Blackwell. Ni mucho menos por celos.
                        -           ¿Qué le pareció el repentino anuncio del compromiso de su jefe?
                        -           Usted lo ha dicho: “repentino”.
                        -           Pero, ¿le pareció bien que su jefe se volviera a casar?
                        -           La vida personal de lord Blackwell no era asunto mío. Él era un adulto y sabía lo que le convenía y lo que no. Mi opinión sobre este asunto es indiferente- contestó la mujer secamente.
                        -           No tenía entonces conocimiento del futuro enlace de su jefe, ¿verdad?
                        -           No. Me enteré durante la cena, como los demás.

                        No consiguieron sacar más de aquella mujer. Dio por concluido el interrogatorio y se marcho, no sin antes dejar que le tomasen las huellas dactilares.

                        -           ¿Qué opina de esta mujer, O’Connor?
                        -           Que la señorita Drake se ha esforzado al máximo para conducir el interrogatorio por donde ha querido. Nos ha manipulado para hacernos saber los chanchullos del señor Samuelson. Ha sido muy hábil.
                        -           ¿Piensa que no es cierto lo que nos ha contado sobre Samuelson?
                        -           ¡Oh, eso lo veo bastante verosímil! Me refiero a que nos ha hecho conocer esos datos de una forma muy sutil. Tenía más que estudiado lo que nos tenía que decir.
                        -           Le ha descolocado completamente cuando le preguntó que si estaba enamorada de su jefe- se rió Weston-. No se lo esperaba.
                        -           ¿Qué piensa que ha ocurrido con los informes de los detectives norteamericanos?-dijo O’Connor cambiando de tema.
                        -           Los buscaremos. Haremos que registren el cuarto de Samuelson por si lo tiene ahí. De hecho, mandaré a registrar todos los cuartos en busca de pistas. Si no encontramos los informes, nos pondremos en contacto con los abogados de lord Blackwell para que nos abran la caja fuerte. De todas formas, si no aparecen podemos pedirles una copia a los detectives. Sea lo que sea, Samuelson está en un aprieto…

                        O’Connor no contestó nada al respecto. Permaneció callado y pensativo.

                        -           ¿En qué piensa, O’Connor?
                        -           En el nombre de ese tipo: Cédric M. Argeneau… No es la primera vez que lo oigo, pero no recuerdo por qué.  



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